|
Asunción, Paraguay, Domingo 01 de Julio de 2007 Revista
Invio un articulo del giornale "ABC Color" il più importante di Paraguay sulla
vita di Garibaldi. Alberto POLETTI
BICENTENARIO GARIBALDINO
Las huellas de don Giuseppe en el Paraguay
El próximo 4 de julio se cumplen doscientos años del natalicio del prócer de la
República italiana, don Giuseppe Garibaldi Raymundo. Hombre de personalidad de
múltiples aristas, la más afamada es su papel en el proceso de la unidad
italiana, por medio de las guerras de independencia de ese país. Además de ello,
Garibaldi fue una figura importante en el proceso de la formación de los países
rioplatenses y su legado generó vínculos con nuestro país, en diversas áreas.
Miembro de una familia marinera, Giuseppe Garibaldi navegó el Mediterráneo y,
luchando a favor de su patria como miembro de la Giovane Italia, entidad
fundada por su mentor Mazzini, participó de numerosas batallas contra el yugo
opresor de los austriacos.
Garibaldi en Suramérica
José Asunción Flores
A duras penas se escapó de ser pasado por las armas y solo un viaje salvador a
bordo del bergantín Nantonnier le salvó la vida, exiliándose en el Brasil,
donde siguió peleando por la libertad y en pro de las ideas republicanas;
primero a favor de la República riograndense; y luego, de la uruguaya,
combatiendo al frente de sus huestes, en tierras y aguas rioplatenses,
cosechando valiosas experiencias que influyeron decididamente en su futuro como
prócer de la unidad italiana.
En tierras sudamericanas Giuseppe Garibaldi hizo de todo: navegante, corsario,
traficante de armas, refugiado en el Uruguay, náufrago, prisionero en Entre
Ríos, sometido a suplicio, guerrillero en Río Grande do Sul, teniendo como
escenario de sus hazañas la Laguna de los Patos, donde conoció al gran amor de
su vida y madre de algunos de sus hijos: Anita Saint Simón.
En el Brasil, Giuseppe Garibaldi peleó durante varios años con su compatriota
Livio de Zambeccari, en apoyo del jefe de la revolución republicana de Río
Grande do Sul, Bento Gonçalves da Silva, contra las fuerzas monárquicas de Río
de Janeiro, conocida como Revolución de los Farrapos. Se afilió a la logia
masónica riograndense Abrigo de la Virtud y adoptó como uniforme característico
de sus tropas la camisa y el pañuelo colorados.
Fracasada la empresa republicana, Garibaldi se estableció en Montevideo, donde
ejerció de profesor de Matemáticas y agente de comercio, actuó en la defensa de
la ciudad de Montevideo a favor de los colorados de Fructuoso Rivera y en
contra de los blancos de Manuel Oribe, apoyado por el gobernador de Buenos
Aires, Juan Manuel de Rosas. Durante la campaña recorrió varios lugares de la
provincia de Corrientes.
Una vez pacificado, regresó a su patria para luchar contra el ejército
austriaco. En 1848 vuelve a su patria para luchar contra el ejército austriaco,
iniciando el largo y tortuoso camino hacia la unificación italiana, objetivo y
norte de su vida.
República o monarquía
Pasemos a otro aspecto de la vida de Garibaldi y los hechos que lo vinculan con
el Paraguay.
Varios fueron los intentos por imponer un régimen republicano en el Brasil -o
en partes del Brasil-. Tales fueron los intentos de Joaquín José da Silva
Xavier, más conocido como 'Tiradentes', hacia 1792; la Revolución pernambucana
de 1817, liderada por el masón Domingos José Martins; la Confencia del Ecuadro,
liderada por Joaquim do Amor Ravelo e Caneca, más conocido como fray Caneca.
El cuarto y último movimiento republicano regional fue el iniciado en 1835 como
una revolución autónoma y federalista, liderada por el liberal y masón Bento
Gonçalves da Silva, y se denominó República Piratini o República Farropilha. De
esta campaña -conocida también con el nombre de Revolución de los Farrapos-
participaron los jefes italianos Livio de Zambeccari y Giuseppe Garibaldi,
iniciado como masón en la logia Abrigo de la Virtud en la provincia de Río
Grande do Sul (y posteriormente afiliado a la masonería uruguaya). Garibaldi y
los hombres que conformaban su regimiento (mayoritariamente compuesto por
inmigrantes italianos) acostumbraban lucir camisas y pañuelos colorados.
En la batalla de Fanfa, el general Bento Gonçalves da Silva fue hecho
prisionero, pero ayudado a huir por sus hermanos masones, siguió combatiendo
hasta 1840, en que tuvo que dejar el liderazgo del movimiento separatista. Fue
a raíz de esta situación que Garibaldi pasó a pelear en la Guerra Grande
uruguaya y luego regresó a Europa para seguir luchando en bien de su patria.
En el proceso de pacificación de la provincia rebelde, tuvo activa
participación Luis Alves de Lima e Silva, entonces barón de Caxias y,
posteriormente, comandante de los ejércitos de la Triple Alianza contra el
Paraguay.
Aun después del traslado de la Corte portuguesa y fundación del Imperio
brasileño, la idea de implantar una república en el Brasil siguió subyacente,
especialmente en el interior de las logias masónicas y que emergieron luego del
triunfo aliado sobre el Paraguay, con el Manifiesto Republicano del 3 de
diciembre de 1870, de nítida inspiración masónica.
Uno de los líderes masónicos de esos días era José María da Silva Paranhos,
vizconde de Río Branco, la más lúcida conciencia del Imperio brasileño y factor
principal de la política externa brasileña de la que dependía la unificación de
ese país.
Durante la Guerra de la Triple Alianza, Bento Gonçalves da Silva, antiguo jefe
del prócer italiano, fue uno de los propiciadores, con el coronel Benjamín
Constant de una corriente favorable al Paraguay y en contra de los designios de
la Tríplice. Es justo señalar que muestra de la gratitud paraguaya al coronel
Constant es la denominación de una calle capitalina en su honor.
Garibaldi y el Paraguay
En la posguerra, fue Parahnos quien en 1870 condujo prisionero al Brasil al
general Bernardino Caballero, al negarse este a colaborar con el gobierno
provisorio presidido por Cirilo Antonio Rivarola. Fue además, el que apadrinó
la iniciación de Caballero en la masonería brasileña. Uno de los hijos del
general Bento Gonçalves da Silva, llamado Bento da Silva, fue quien habría
convencido al general Bernardino Caballero, llevado prisionero al Brasil, de
ingresar a la fraternidad masónica y quien habría puesto al tanto al futuro
estadista compatriota, de las aventuras garibaldinas en pro de la libertad y de
las ideas republicanas en la efímera República de Río Grande do Sul y su papel
en la lucha por la unidad italiana, que en esos días se estaba concretando.
De regreso al país, el general Caballero, fruto de sus conversaciones con José
María da Silva Paranhos, Bento Gonçalves da Silva, Benjamín Constant y otros
repúblicos, puso en práctica las ideas adquiridas y, desde los momentos
iniciales de la reconstrucción nacional, optó por el color rojo garibaldino
para enseña de su facción política. En ese sentido, es reveladora una carta de
Caballero a Juan Bautista Gill, ministro de Hacienda del presidente Jovellanos,
fechada en diciembre de 1873, pidiendo la compra en Montevideo de gorros
colorados, para sus hombres en la revolución contra los akã morotî (o cabezas
blancas) dirigidos por el general Benigno Ferreira (notorio paralelismo entre
los colorados republicanos, entre quienes combatió Garibaldi, y los blancos
oribistas orientales).
Años después, cuando en septiembre de 1887, Caballero fundó la Asociación
Nacional Republicana, uno de los partidos políticos tradicionales de nuestro
país, sus adherentes adoptaron la divisa garibaldina para su bandera. Así como
los garibaldinos ostentaban sus camisas coloradas, hasta hoy podemos ver a los
miembros de la ANR con sus camisas y pañuelos colorados al cuello.
Garibaldi y la guarania
Otro aspecto destacable del espíritu garibaldino tiene que ver con una de las
manifestaciones artísticas cimeras del universo musical paraguayo: la guarania.
Se preguntará qué tienen en común Giuseppe Garibaldi y la guarania. Tienen y
mucho. Sin Garibaldi, otra hubiera sido la historia, o tal vez, ni siquiera
hubiera existido dicho género musical.
Me explico: El 17 de agosto de 1904 nacía de las entrañas de una humilde mujer
paraguaya llamada Magdalena Flores, un niño que daría que hablar y lo sigue
dando: José Agustín Flores, quien, años después adoptó el nombre con el que es
conocido por todos: José Asunción Flores.
Doña Magdalena Flores fue su madre, pero ¿quién fue su padre?
Desde mediados del siglo XIX llegaban a las costas del Brasil (precisamente Río
Grande do Sul), Montevideo y Buenos Aires, numerosos inmigrantes europeos,
entre quienes se encontraba gran cantidad de italianos. Además de
los factores económicos, a muchos de ellos les habían empujado las razones
políticas.
Justamente, perseguido por sus ideas políticas, un joven italiano se hizo a la
mar con el sueño de venir a ?hacer la América?, como otros compatriotas suyos,
pero como no tenía recursos para sufragar los gastos de un viaje a tierras
remotas, no encontró la mejor manera de viajar que hacerlo de polizón en el
primer barco que zarpara de uno de los tantos puertos del Mediterráneo.
El buque se hizo a la mar. Cruzó ese mar azul encerrado entre tres continentes,
traspasó el estrecho de Gibraltar y surcó las aguas del océano Atlántico. En
algún momento de la travesía, el joven polizón fue descubierto y, como era
usual en aquella época, los que eran descubiertos viajando de esa manera eran
arrojados por la borda al agua.
Conducido hasta el capitán del buque, este le interrogó acerca de los motivos
que le llevaron a tal arriesgada determinación. El joven declaró que fueron
motivos políticos, que en su país era perseguido por haberse hecho uno de los
defensores y practicantes de las ideas garibaldinas para unificar a su patria.
¡Garibaldino! Ahí la palabra milagrosa. El capitán de aquel barco también era
un fogueado soldado garibaldino. Y esa palabra le salvó la vida a nuestro
protagonista, quien pudo pisar tierras americanas.
Aquel joven polizón se llamó Antonio Volta, quien llegado al Río de la Plata,
algún tiempo después se radicó en el Paraguay, específicamente en el serrano
pueblo de Altos, donde abrió un pequeño comercio y, cuando ya establecido,
envió dinero a su joven mujer, Antonia Cornaglia, quien vino al Paraguay con
sus cuatro hijos: Luis Francisco, Laura, Cecilia y Juan Volta Cornaglia.
Uñas de guitarrero
Pasaron los años. Los hijos crecieron y pronto comenzaron a formar parejas:
Luis Francisco Volta Cornaglia se casó con María Teresa Gaona, con quien fueron
padres de los Volta Gaona (Enrique y Roberto), el primero, intendente municipal
y destacado político colorado); Laura Volta Cornaglia se casó con Oswaldo
Jaeggli, progenitores de Alfredo Luis Jaeggli Volta, conocido industrial de un
pasado cercano, y de Clorinda Jaeggli Volta de Ratti, entre otros cinco hijos,
y abuela de los actuales senadores nacionales Alfredo Luis Jaeggli y Alfredo
Ratti Jaeggli. Cecilia Volta Cornaglia se casó con un militar de apellido
Samaniego y, en segundas nupcias con un ciudadano de apellido Taranto, pero no
tuvo descendencia.
Por su parte Juan Volta Cornaglia se mantuvo soltero. Se mantuvo soltero,
porque era amigo de la vida bohemia. Gran parte de su tiempo lo pasaba atraído
por los encantos de la musa Euterpe. De gran habilidad para aprender música ?de
oído?, era un consumado ejecutante de cuanto instrumento musical había en su
época, aunque más se inclinaba hacia el mandolín, y era un infaltable
serenatero de las jóvenes casaderas de su tiempo. Entre serenatas, peñas y
juergas, Juan Volta Cornaglia conoció a una joven muchacha ribereña llamada
Magdalena Flores, que vivía en la Chacarita, arrabal de gente laboriosa y
humilde, pero también en donde no escaseaban las escenas de poncho y cuchillo.
Extendió sus habilidades de seductor impenitente y la joven mujer, cautivada
por la gracia del osado gavilán, cayó en sus brazos.
Fruto de ese instante efímero, nació José Agustín, en una casa de la calle
Coronel Martínez entre Convención y Ayolas, actuales calles Eduardo Víctor
Haedo, O? Leary y Ayolas. Para solventar los gastos de la crianza, el
andariego bohemio tuvo que, en cierta medida, sentar cabeza. Se hizo perentorio
conseguir trabajo y en busca de una manera de ganarse la vida, tomó uno de los
buques que hacían la carrera aguas arriba, y zarpó rumbo a los ingenios
tanineros y forestales del norte: Concepción, Casado, Pinasco. Algunos de esos
puntos fue el destino. Y por allá se quedó.
Envío algunas cartas y tal vez algunos billetes para su pequeño vástago, pero
luego conoció a otra mujer y cerró el capítulo de su pasado tras suyo. O tal
vez alguna bala asesina o algún frío cuchillazo en quién sabe qué y cuántas
pendencias troncharon su vida. La verdad es que desapareció sin dejar rastros.
De tal palo, tal astilla, aunque con la diferencia de que, al contrario que su
bohemio padre, la vida de José Asunción no se perdió en los vericuetos de una
vida rumbosa, sino que se hizo de un lugar en el corazón de su pueblo, que le
cobijó y lo sintió y lo siente grande. Cada vez más.
Tal vez suene forzado, pero en estos hechos y acontecimientos están algunos de
los vínculos que unen a Giuseppe Garibaldi con el Paraguay, además de tener su
nombre grabado a fuego en la vital arteria asunceña, que la lleva desde 1871,
año del regreso del general Caballero a la vida política del Paraguay y en una
zona capitalina entonces poblada por bulliciosos peninsulares italianos.
Luis Verón
Mantovaninelmondo© 1999-2007
All rights reserved
liberatiarts©
Mantova Italy
|